El tiempo vuela, y es que han pasado veinte años desde el lanzamiento de la primera PlayStation. En este periodo, el mundo de los videojuegos ha cambiado mucho y, a la vez, muy poco.
Actualmente, el PC y las videoconsolas son, con diferencia, la principal fuente de ingresos para la industria1. El 51% de los domicilios norteamericanos poseen, al menos, una videoconsola2 y, según Business Insights, los ingresos de la industria mundial del videojuego excedieron en 2013 los 76.000 millones de dólares, con un un crecimiento aproximado del 9% respecto al año anterior3.
Aunque los videojuegos para smartphone se han convertido en la moda del momento, la realidad demuestra que, mientras unos pocos juegos alcanzan la cima del éxito, las app stores están inundadas por productos de relleno, baratos, poco innovadores… en definitiva, minijuegos de usar y tirar. Además, los teléfonos móviles no convencen a los jugadores más experimentados, ya que no disponen de controles de precisión, sino una pantalla táctil que obliga a simplificar las mecánicas del juego para que sean compatibles con el toque de los dedos.