En general, como ciudadanos estamos acostumbrados a un modelo de comunicación lineal. Quizás por la forma en que nos han tratado los medios, porque se nos ha educado así en la escuela o, sencillamente, se debe a que la sociedad es así: tú eres un ciudadano más, que debe cumplir con sus tareas ordinarias y asentir ante lo que regurgita que el político de turno. No debes levantar mucho la voz. Pero sí consumir, por supuesto. Consumir sin límites.
Nuestro sistema social ha favorecido el rol del consumidor frente al prosumidor y, por tanto, en materia de comunicación se ha fomentado la linealidad vertical: Los medios de masas estaban a cargo de seleccionar qué personas hablaban y cuáles callaban. Y aunque este establishment quizás se haya debido más a las limitaciones técnicas de los medios (imprenta, radio, televisión...) que a una voluntad política, es evidente que este modelo beneficiaba a los sujetos con poder político y/o económico, no a los ciudadanos.
El modelo de comunicación lineal está condicionado por su origen desigual, por la situación de superioridad del emisor frente al receptor. En consecuencia, la comunicación lineal suele traducirse en una información transmitida de forma parcial e interesada, ya que el emisor sólo debe rendir cuentas ante sí mismo y su agenda. Por tanto, este modelo de comunicación no garantiza la pluralidad necesaria para una sociedad democrática y, como comunicadores audiovisuales responsables, debemos estar abiertos a alternativas más equilibradas.
Y es que, gracias a la popularización de las TIC (internet, las redes sociales y las plataformas de publicación gratuitas como blogger, wordpress, wikia...), el paradigma lineal está dando paso a una comunicación participativa que empodera a las multitudes: quienes antes eran receptores, ahora son interlocutores.
